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Hace tres semanas le vi por última vez en la sesión de los Jueves de la Academia Nacional de Medicina. Se veía cansado y con gran esfuerzo logro pasar desde la mesa de Junta Directiva, donde era su Secretario Perpetuo, al Auditórium para escuchar la presentación de la tarde.

Dos temas quería consultarle y fue la última vez que hablamos: eutanasia y especialmente esta en los enfermos en estado vegetativo y los menores de edad. Su criterio sensato y su orientación reflexiva fue lo que escuche: “estos pacientes son casos muy complicados, debemos estudiarlos muy cuidadosamente. Asegurarnos de su diagnóstico y solo con el concepto de un comité de expertos considerar la petición de los padres como una clara excepción al protocolo que nos rige”. Con firmeza me sugirió: “no elevemos aun esta esclusa donde el consenso es muy difícil”.

El segundo tema fue sobre la Fundación Pro derecho a Morir Dignamente, del cual fue su Presidente e impulsor. Dos días más tarde fui a conocer su sede. Hable con su Directora con la convicción que deberíamos todos los médicos ayudar a socializar su labor. No sabía que unas semanas más tarde, mi Maestro querido tomaría la decisión final de sus días. Partió desde su casa, sábado temprano, rodeado del calor de su esposa y del cariño de sus hijos.

Definir a Juan Mendoza-Vega, que tarea tan difícil. El caballero y gran conversador; el de la charla amena y el consejo sabio. Conciliador pero firme en sus convicciones y afectos. Humanista e historiador, poseedor de una gran cultura envuelto en una sencillez que cautivaba. Me encantaba su verbo fácil y sus letras nostálgicas. La capacidad de improvisar y como capturaba el auditórium moviéndolo al son de sus palabras; tenía la propiedad de finalizar las discusiones. Con un gran sentido común y adornando sus apuntes con la nota histórica apropiada.

Pobre en bienes materiales pero con tesoros espirituales que disfruto hasta el último día: el afecto y el reconocimiento de sus Colegas uno de ellos. Nunca escuche un comentario acido de quienes lo atacaron, dejo que el viento, sin resistencia, las alejara. Conocedor de sus limitaciones y honesto para pedir con humildad la habilidad de sus pares en los complejos casos quirúrgicos. Siempre preocupado por sus pacientes; estos ahuyentaron ese pequeño y torpe demonio –la arrogancia- que hay en el alma de cada uno de los neurocirujanos y que muchas veces pagan los enfermos.

Muchos sellos individuales marcaron su identidad: el buen castellano, los finos modales y la forma peculiar de su vestimenta. No a todas las personas el uso del corbatín les sienta; pero hay individuos que le dan su toque personal a las prendas que usan que las convierten en estampas de distinción y elegancia. Así era Juan Mendoza: mostachos, corbatín y capa. Recordándonos la figura de Dumas y sus tres mosqueteros, dispuesto siempre a luchar para defender con sus escritos el honor de la Reina Ana derrotando al injusto Cardenal Richelieu que hay en la vida.

Adiós Maestro querido; desde el balcón celestial que tienes reservado al lado de Asenjo disfrutaras los apuntes de Krivoy quien se te adelanto hace unas semanas.
Tus alumnos te recordaremos con gratitud y estarán siempre al lado de María Victoria e hijos, tu otro tesoro.

 

Remberto Burgos de la Espriella
Lisboa,7/10/2017

La Asociación Colombiana de Neurocirugía, lamenta el fallecimiento del Dr. Juan Mendoza Vega,  (1933-2017), destacado profesional y colaborador activo de múltiples agremiaciones académicas y sociales de Colombia.

La Asociación Colombiana de Neurocirugía es una entidad de carácter científico y gremial que desarrolla actividades de capacitación de personal y profesional basados en los principios individuales éticos, académicos y de liderazgo con fines sociales de servicio y excelencia.

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